Skip to main content

Posts

Showing posts with the label Relato

El Padre

  El Padre Antonio salió por la mañana de la casa y jaló la puerta de madera que estaba a dos golpes de caerse. Olvidando ponerle seguro, se guardó la llave de esqueleto en el bolsillo. A la calle. El aire denso de la ciudad le pegó en la cara y le tomó unos minutos respirar cómodamente. Caminó fuera de la calle de su vecindad hasta las avenidas donde avanzaban varios automóviles, incluso uno que otro descapotable de asiento rojo brillante. Tuvo que cruzar para llegar a la calle de la tienda de Don Ignacio. Antonio se juntó a la pared para dejar pasar a las señoras que presumían su gusto francés, pero que barrían sus holanes en la suciedad de la banqueta. Les levantó su sombrero desgastado antes de entrar a la tienda. — ¡Buen día Don Ignacio! — ¿Qué tal Antonio? — dijo Don Ignacio, señor anciano. — ¿Qué te levanta tan temprano el día de hoy? — Le dije, Don Ignacio, — dijo Antonio mostrándole la barra de pan que iba a comprar. Dejó varios centavos sobre la mesa —. Mañana m...

Noble Profesión- Microrrelato

—Quizá sea mejor no llevarles la contraria —-, pienso y les dejo a ellos el compartimiento de bagaje.  —O vendrá seguridad. Avanzo a buscar otro lugar para mi mochila descarapelada que va cumpliendo ya tres horas con un zapato viudo más, el izquierdo. Regreso a mi lugar. A un lado, junto a la ventana con vista al aeropuerto, va una señora en sus sesentas. —Dime, ¿qué lo lleva a Monterrey? —me pregunta la loca. Miento. —Familia. El avión empieza a avanzar. —¿Trabaja?  —dice.  —Vendo zapatos —¡Noble profesión! Quizá me podrá dar un descuento. ¿Qué clase? Sé que no me dejará en paz sin confesión. —Izquierdos. —¿Y los derechos? Susurro: —¡Se van a la morgue!

Soñadora Caída por Aravis Quenýa

Soñadora Caída, cuento de Escritoreslegendarios.worpress.com En una compañía de celulares trabajaba una soñadora caída. Pertenecía a la familia peculiar de soñadores que soñaron tan alto que cuando el sueño cayó, algo murió. Ahora, Carolina trabajaba reparando celulares. Su sueño no mostraba señales de vida, ni siquiera a las 2 de la mañana cuando toda conciencia había desaparecido. No mostraba señales de vida, ni siquiera a las 10 de la noche, mientras veía una serie inspiradora. Ni siquiera esa vez que fue a la playa que sintió las olas frías en sus pies y después durmió arrullada. Nada.  A Carolina no le importaba haber perdido su sueño. Los primeros dos años claro que le lloró bastante; pero después de pasar por las etapas del duelo en aleatorio por lo menos dos veces, lo olvidó. Era muy bueno tener un salario constante, un techo sobre su cabeza y pizza los fines de semana. Simplemente, no necesitaba nada más. Su anhelo personal (creo que tenemos establecido que no se le...